Escribir una novela no es nada fácil, por eso es imprescindible tener una buena organización.
Como ya hemos hablado en entradas anteriores y reiteramos en varias ocasiones en nuestras
redes sociales la organización es muy importante pero no es solo el único punto a tener en
cuenta.
También es cierto que es importante detenernos e invertir tiempo en hacer una
buena construcción de nuestros personajes, y de eso justo venimos a hablar hoy.
La importancia de personajes bien construidos es obvia, una historia con protagonistas que
tengan carisma y, sobre todo, que tengan dilemas internos; personajes que sean humanos
con problemas reales es lo que hace que empaticemos mucho más con ellos y nos metamos
de lleno en la historia.
Crear una historia inmersiva desde cero, que te atrape, tanto la trama como sus personajes, es
algo realmente difícil, por eso, desde la Editorial Gusanillo venimos a contarte algo que te ayudará
mucho en la construcción de ese protagonista ¿y qué es? Es el componente cognitivo.
Y os preguntaréis y ¿qué es el componente cognitivo?
Pues es saber, como lector, qué está pensando el protagonista. Saber qué piensa en momentos importantes dependerá también de lo
que esté sintiendo en ese momento y de lo que ocurra a su alrededor, y que muchas veces, no
tiene porque tener relación con su forma de actuar.
Esta forma de escribir y de plantear la historia, hará que observemos desde fuera,
que es un personaje rico, con matices y que no todo siempre es blanco o negro, que hay una
gran gama de grises que crean a ese personaje.
Un personaje que tiene conflictos externos (con amigos o enemigos, con su pasado,
con las adversidades que le sobrevienen…) pero al mismo tiempo también los tiene
internos, y son precisamente esos conflictos los que le harán crecer y evolucionar desde
el principio de la novela hasta el final; algo que el lector agradecerá y
valorará.