— Rosa, ¿qué te inspiró a escribir Chloe va a la psicóloga?
Escribí Chloe va la psicóloga porque quería que los niños entendieran que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino un acto de valentía. La psicología puede ser una brújula para el corazón, y me parecía importante transmitirlo desde la infancia.
— En el libro trabajas con emociones muy presentes en la infancia. ¿Cómo fue el proceso de elegirlas y darles forma?
Las emociones que elegí —la tristeza, el enfado, los celos, el miedo— son universales. Todos los niños las sienten, pero a veces no tienen palabras para expresarlas. Mi proceso fue mirarlas con ternura y traducirlas a un lenguaje sencillo, accesible y lleno de empatía.
— ¿Qué esperas que los pequeños lectores encuentren en Chloe?
Espero que los pequeños vean en Chloe un reflejo, alguien que les diga “yo también siento esto y está bien”. Puede ser una amiga, un espejo o incluso una guía que les acompañe a comprenderse mejor.
— Si Chloe pudiera hablar con los niños directamente, ¿qué les diría?
Si Chloe pudiera hablar con los niños, les diría que no están solos, que lo que sienten tiene un nombre y que un psicólogo es un lugar seguro donde se les escucha sin juzgar.
— Has mencionado que este cuento busca normalizar la psicoterapia infantil. ¿Por qué crees que es importante hacerlo?
Creo que este cuento es una semilla para normalizar la psicoterapia infantil. Al mostrarla con naturalidad, ayuda a que los padres la perciban como una herramienta de amor y cuidado, y no como algo extraño o estigmatizado.
— ¿Cuáles consideras que son los mayores retos emocionales de los niños hoy en día?
Hoy los niños viven un mundo rápido, lleno de pantallas, exigencias y a veces poca escucha. El mayor reto es que encuentren espacios para expresar lo que sienten sin miedo. La literatura, con su magia, puede abrir esos espacios de diálogo y acompañamiento real.
— ¿Qué consejo darías a padres y educadores para acompañar mejor a los niños en la lectura y en sus emociones?
A los padres y educadores les diría: lean con sus hijos sin prisas, escuchen lo que ellos interpretan del cuento, dejen que pregunten, que inventen finales, que dibujen lo que sienten. El cuento es solo una llave: lo importante es la puerta que abre en cada familia y en cada aula.
— Tus libros suelen abordar temas delicados. ¿Por qué decides tratar cuestiones como el duelo, el Alzheimer o el TDAH?
Elijo temas delicados porque la vida está hecha de luces y sombras, y los niños también perciben esas sombras. Hablar de duelo, Alzheimer, TDAH o emociones difíciles es una forma de darles herramientas para vivir con más conciencia y amor. Mi criterio es siempre la necesidad de dar voz a lo que a menudo se calla.
— ¿Estás trabajando ya en nuevos proyectos literarios?
Sí, sigo escribiendo. Me gustaría explorar cómo nos hablamos a nosotros mismos y a los demás —la fuerza de la palabra bonita y el impacto que tiene en la salud mental—. Creo que es un tema urgente y hermoso para los niños y también para los adultos que los acompañan.
Con Chloe va a la psicóloga, Rosa Rodríguez nos invita a mirar la infancia con más ternura y conciencia, recordándonos que hablar de emociones también es una forma de cuidar.